domingo, 21 de octubre de 2007

Crónica retrospectiva de Japón. Día 3: Monte Fuji y Hakone

Jueves 20 de septiembre...mi cumpleaños!, y qué mejor regalo que ir a visitar el Monte Fuji, volcán considerado sagrado por los japoneses desde la antigüedad.
Así que, tempranito por la mañana, ya estábamos esperando en el hall del hotel (por cierto, que una de las cosas geniales de este hotel es que tiene una salita con sillones, con vistas a un jardín interior, que servía de lugar de encuentro y reunión, para tomar un café, o para conectarse via wifi a internet):



En el autobús, de camino hacia el monte Fuji, Megumi iba dándonos unas pequeñas lecciones de japonés:


En cuanto uno abandona la gran urbe que es Tokyo, se sumerge de inmediato en un paisaje totalmente distinto: comienzan a aparecer pueblecitos de casas bajas, rodeados de montañas frondosas, con una vegetación increíble...
Hicimos una primera parada para disfrutar de una primera vista del monte, en una especie de parador, antes de llegar, y la verdad es que tuvimos una suerte increíble ese día, porque amaneció un día muy despejado y pudimos fotografiar a nuestras anchas el perfil precioso de este magnífico volcán:


Gracias también a esta camarita que nos compramos allí (Nikon D40) y nuestro gorilapod (este trípode que se puede enredar en los sitios!)



De nuevo en el autobús, ahora sí nos dirigimos al monte, al lugar más alto al que se puede llegar en automóvil. El resto de camino hasta la cima se tiene que hacer andando, y son nada menos que 7 horitas desde donde estábamos...De todas formas sólo se puede acceder a la cima unos meses al año, y ahora estaba cerrado. Lo que suele hacer la gente es subir por la noche, para ver amanecer desde la cima, lo cual debe de ser un espectáculo impresionante!...Bueno, nosotros nos conformamos con disfrutar de las vistas que había en esas alturas, que desde luego valían mucho la pena.





Muy graciosa esta foto de los hombres que cuidaban estos caballos!


Como diría mi querido amigo tinenfeño Vicente: los arbustos colonizando la lava...





Después de pasear un poco por el sendero que sube al Fuji y de recoger algunas piedrecitas volcánicas, llegó la hora de comer. Esta vez fuimos a un sitio específico de carne: son mesas con un fogón en el medio, donde uno mismo se cocina unas lonchitas muy finas de carne a su gusto, pero a nosotros nos la sustituyeron por verduras, así que nos hicimos nuestras verduritas a la plancha, además de la sopita y el arroz, siempre presentes en la dieta japonesa.



El postre era una especie de leche cuajada, de textura muy suave, con ligero sabor a vainilla, acompañada de fruta.


Y así acabamos...:


Tras la comida, nos dirigimos a Hakone, una zona que forma parte del Parque Nacional Fuji-Hakone-Izu, y en la que se encuentra el lago Ashinoko, por el que realizamos un estupendo crucero, que cruza el lago de lado a lado y permite distrutar de unas hermosas vistas.


Este es el barquito en el que cruzamos el lago...


Este es un barco pirata que surcaba el lago...







Tras el crucero, fuimos a un balneario. En Japón hay muchos onsen, es decir, baños de aguas termales de origen volcánico. En los más tradicionales, se bañan por separado los hombres y las mujeres, porque se bañan desnudos, pero ahora existen baños mixtos con ropa. Al que fuimos, Yunessun, era más bien como un parque temático y balneario más moderno, pero aún así tenía una parte genial enclavada en la naturaleza, con una cascada y todo...



Piscina de vino.


Piscina de té verde.



Por la noche fuimos a Ueno, otra zona de Tokyo muy cercana al hotel; allí nos "cazó" un camarero y nos llevó a su local: es frecuente en algunas de estas calles de Ueno que, si vas un poco despistado buscando dónde comer, se dirija a tí un camarero que quizás se encuentra a unas calles de su local, pero se ofrece rápidamente para llevarte a su bar. En este caso nos vino bien, porque éramos muchos y no cabíamos en los bares pequeñitos de sushi, y en este bar cenamos muy bien.
Los demás pidieron sushi, pero nosotros pedimos unas patatas como fritas con ajo, tofu y un arroz frito con verduras que estaba buenísimo!



Nota: el tofu no tiene nada que ver con el que nos llega aquí: tiene una textura mucho más suave y es más liso



En resumen, creo que me costará olvidar lo magnífico que fue el día de mi 32 cumpleaños!...

viernes, 12 de octubre de 2007

Crónica retrospectiva de Japón. Día 2: Tokyo Tower y Asakusa

Tras una noche reparadora, después de tantas horas sin dormir, llegó la hora del primer desayuno japonés!
Aunque en el hotel había self-service y teníamos la opción de escoger desayuno oriental u occidental, yo me hacía siempre un mix: la sopita de miso con tofu, que aunque pueda chocar tomarla por la mañana es genial para comenzar el día con energía, un huevo duro, dos bollos con mantequilla y mermelada, y café con leche...casi nada!



Había siempre un gatito al otro lado del cristal del comedor donde desayunábamos que era muy juguetón, y siempre andaba esperando que le diéramos algo de comer. Era monísimo!


Este día teníamos excursión organizada, así que nos dirigimos con Megumi y Akira en el autobús hasta la Torre de Tokyo. El diseño de esta torre está basado en el de la torre Eiffel, pero pesa menos y es más alta (altura: 333 metros), lo que la convierte en la torre de metal más alta del mundo.


Tiene dos miradores, uno más bajo, a los 150 metros, y el mirador especial, que se encuentra a una altura de 250 metros. Las vistas de la ciudad de Tokyo desde el segundo mirador son impresionantes!




Dentro de la torre hay también una especie de patio interior, con muchos muñecos de feria, con los que, cómo no, estuvimos haciéndonos unas fotillos...




En uno de los pisos de la torre hay tiendecillas de souvenirs y restaurantes. Una cosa que llama la atención de la mayoría de los restaurantes de Japón es que tienen una vitrina con reproducciones en plástico de los platos que ofrecen; esto, que a simple vista parecería una tontería o una simple anécdota curiosa, resulta muy práctico a la hora de pedir comida en los restaurantes si no dominas el japonés, sobre todo en aquellos en los que la carta está en japonés y no tienen foto de los platos, porque siempre puedes señalar la reproducción de plástico para que sepan el plato que quieres.



Tras la visita a la torre de Tokyo, nos dirigimos a visitar el Palacio Imperial, bueno, mejor dicho, los alrededores del palacio, porque no siempre se puede visitar, así que nos conformamos con verlo desde el otro lado del foso que lo rodea...De camino hacia el palacio pasamos por unos jardines en los que había una estatua de un samurai.




Después del Palacio Imperial nos dirigimos a Asakusa
, uno de los distritos de Tokyo, con un aire bastante tradicional, donde visitamos el templo budista Senso-ji, precedido por el portal Kaminari-mon (Puerta del Trueno), con una enorme linterna roja de papel, y la famosa pagoda del templo.



También allí pudimos ver la sandalia gigante de Buda:


Al lado del templo hay una serie de callecillas llenas de puestos bastante chachis para comprar cosillas tradicionales, como dulces, abanicos, kimonos, etc.


Ahí me compré mis ninja tabis (zapatillas ninja), con las que fui comodísima el resto del viaje...


Fue en esta zona donde vimos por primera vez los carritos tirados por japoneses, que por cierto, también llevan ninja tabis!


Tras hacer las compritas, nos dirigimos a comer a un restaurante cercano; normalmente Megumi, la guia, nos abría camino con un palito del que pendían unas llamativas hojas de plástico amarillas (hay que decir que está mucho menos visto que la habitual banderita...):

Pero a la entrada del restaurante cedió sus poderes momentáneamente a Claudio, que quedaba de esta guisa...:


En este restaurante de Asakusa comimos tempura, un rebozado japonés que no está nada aceitoso; normalmente se reboza el pescado, pero en nuestro caso fueron verduras, que Akira ya se fue encargando de avisar en los restaurantes de que había dos vegetarianos en el grupo...



Una vez terminada la excursión, volvimos al hotel, y como todavía era temprano (alrededor de las cinco de la tarde), decidimos hacer nuestra primera incursión en el metro para dirigirnos a Ginza, otro distrito de Tokyo, pero éste más comercial, repleto de tiendas de grandes marcas.
La primera escapada en metro fue un éxito, porque al final no es mucho más complicado que el metro de cualquier otra ciudad europea, una vez aprendes a sacar el billete; además, las letras del sitio al que quieres ir están también en romanji, es decir, en letras occidentales, así que sólo tienes que ver en el mapa dónde quieres ir, en qué línea, y ver el dinero que cuesta llegar hasta allí. Luego, en la máquina sacas un billete por ese importe y ya!

Ginza, como cualquier parte de Tokyo, es impresionante por la noche, con todos esos carteles luminosos...



El motivo de esta excursión era una de nuestras visitas obligadas, el Apple store:


Y con la satisfacción de haber dado un pequeño pasito más en nuestro intento de desenvolvernos en esta gigantesca ciudad, una vez controlado el metro, nos volvimos exhaustos al hotel, tras este intenso día...