Así que, tempranito por la mañana, ya estábamos esperando en el hall del hotel (por cierto, que una de las cosas geniales de este hotel es que tiene una salita con sillones, con vistas a un jardín interior, que servía de lugar de encuentro y reunión, para tomar un café, o para conectarse via wifi a internet):
En el autobús, de camino hacia el monte Fuji, Megumi iba dándonos unas pequeñas lecciones de japonés:
En cuanto uno abandona la gran urbe que es Tokyo, se sumerge de inmediato en un paisaje totalmente distinto: comienzan a aparecer pueblecitos de casas bajas, rodeados de montañas frondosas, con una vegetación increíble...
Hicimos una primera parada para disfrutar de una primera vista del monte, en una especie de parador, antes de llegar, y la verdad es que tuvimos una suerte increíble ese día, porque amaneció un día muy despejado y pudimos fotografiar a nuestras anchas el perfil precioso de este magnífico volcán:
Gracias también a esta camarita que nos compramos allí (Nikon D40) y nuestro gorilapod (este trípode que se puede enredar en los sitios!)
De nuevo en el autobús, ahora sí nos dirigimos al monte, al lugar más alto al que se puede llegar en automóvil. El resto de camino hasta la cima se tiene que hacer andando, y son nada menos que 7 horitas desde donde estábamos...De todas formas sólo se puede acceder a la cima unos meses al año, y ahora estaba cerrado. Lo que suele hacer la gente es subir por la noche, para ver amanecer desde la cima, lo cual debe de ser un espectáculo impresionante!...Bueno, nosotros nos conformamos con disfrutar de las vistas que había en esas alturas, que desde luego valían mucho la pena.
Muy graciosa esta foto de los hombres que cuidaban estos caballos!
Como diría mi querido amigo tinenfeño Vicente: los arbustos colonizando la lava...
Después de pasear un poco por el sendero que sube al Fuji y de recoger algunas piedrecitas volcánicas, llegó la hora de comer. Esta vez fuimos a un sitio específico de carne: son mesas con un fogón en el medio, donde uno mismo se cocina unas lonchitas muy finas de carne a su gusto, pero a nosotros nos la sustituyeron por verduras, así que nos hicimos nuestras verduritas a la plancha, además de la sopita y el arroz, siempre presentes en la dieta japonesa.
El postre era una especie de leche cuajada, de textura muy suave, con ligero sabor a vainilla, acompañada de fruta.
Y así acabamos...:
Tras la comida, nos dirigimos a Hakone, una zona que forma parte del Parque Nacional Fuji-Hakone-Izu, y en la que se encuentra el lago Ashinoko, por el que realizamos un estupendo crucero, que cruza el lago de lado a lado y permite distrutar de unas hermosas vistas.
Este es el barquito en el que cruzamos el lago...
Este es un barco pirata que surcaba el lago...
Tras el crucero, fuimos a un balneario. En Japón hay muchos onsen, es decir, baños de aguas termales de origen volcánico. En los más tradicionales, se bañan por separado los hombres y las mujeres, porque se bañan desnudos, pero ahora existen baños mixtos con ropa. Al que fuimos, Yunessun, era más bien como un parque temático y balneario más moderno, pero aún así tenía una parte genial enclavada en la naturaleza, con una cascada y todo...
Piscina de vino.
Piscina de té verde.
Por la noche fuimos a Ueno, otra zona de Tokyo muy cercana al hotel; allí nos "cazó" un camarero y nos llevó a su local: es frecuente en algunas de estas calles de Ueno que, si vas un poco despistado buscando dónde comer, se dirija a tí un camarero que quizás se encuentra a unas calles de su local, pero se ofrece rápidamente para llevarte a su bar. En este caso nos vino bien, porque éramos muchos y no cabíamos en los bares pequeñitos de sushi, y en este bar cenamos muy bien.
Los demás pidieron sushi, pero nosotros pedimos unas patatas como fritas con ajo, tofu y un arroz frito con verduras que estaba buenísimo!
Nota: el tofu no tiene nada que ver con el que nos llega aquí: tiene una textura mucho más suave y es más liso
En resumen, creo que me costará olvidar lo magnífico que fue el día de mi 32 cumpleaños!...