domingo, 13 de enero de 2008

Crónicas retrospectivas de Japón. Día 8: Kyoto

Por la mañana tempranito teníamos nuestra primera visita organizada en Kyoto. Mientras nos dirigíamos en autobús a nuestro primer destino, pudimos percibir la enorme diferencia que existe entre Tokyo y Kyoto, puesto que ésta última es una ciudad que ha mantenido mucho más el aire tradicional: debido a su gran patrimonio cultural, la ciudad no fue bombardeada durante la segunda guerra mundial, de manera que hoy en día, es la única gran ciudad de Japón que aún conserva numerosos edificios de preguerra, y aunque no ha quedado inmune a la modernización, se empiezan a realizar ahora esfuerzos para que no se logre eliminar este ambiente de antiguedad (por ej., una ley actual impide realizar edificios de más de dos alturas, y lo más curioso, derribar los que actualmente sobrepasan las dos alturas!).

El primer sitio que visitamos fue el famoso templo Kinkaku-ji, o Pabellón Dorado: es un edificio de tres plantas, y las dos plantas superiores del pabellón están recubiertas con hojas de oro puro; la belleza de este edificio radica sobre todo en el maravilloso enclave en el que se encuentra, en medio de un estanque en unos jardines impresionantes, de manera que el dorado de sus paredes crea un efecto increíble al reflejarse en el agua del estanque, el cual recibe el nombre de Kyōko-chi (Espejo de agua):




En los jardines que rodean este templo, está también un bonsaique cuenta en la actualidad con la friolera de 600 años...


Después de este templo fuimos a otro llamado Kiyomizudera (literalmente: "templo del agua pura"); este templo me encantó, por el sitio en el que se encuentra, rodeado de vegetación...Es un complejo enclavado al pie de una colina, con muchísima vegetación, y en el que se encuentran varios edificios:


La entrada principal


Varios edificios


Una pagoda

Torii de entrada al templo Jishu-jija, dedicado al dios Okuninushino-Mikoto, un dios del amor:



Este templo tiene una impresionante terraza de madera, sostenida por pilares de madera, y que permite disfrutar de unas vistas impresionantes de la ciudad:



La fuente para purificarse antes de entrar al templo, y una japonesita entrañable que intentaba hacerse con ese palo tan largo...



Tras visitar la terraza, y bajando por unas escaleras, llegamos a la fuente llamada Otowa-no-taki, donde tres canales de agua de una cascada caen sobre un estanque; es costumbre que la gente haga cola para beber de este agua, porque se dice que tiene propiedades para aumentar la salud y procurar longevidad...Bueno, eso si bebes dos vasos, porque si bebes tres creo que era para conseguir novio o novia...(evidentemente, bebí dos, y vigilé que Claudio hiciera lo mismo!)



Fuimos después todo el grupo a comer en un restaurante que teníamos concertado; este día comimos una comida bastante típica de Kyoto,okonomiyaki , que dicen que es como si fuera la pizza japonesa, porque lleva una base de harina y encima puedes poner lo que quieras a tu gusto, pero vamos, no se parece en nada...En la mesa hay una plancha, y los comensales se encargan de cocinar el okonomiyaki, y luego se le pone una salsa encima; normalmente llevan carne o pescado, y aunque a nosotros nos las hicieron con verduras, lo cierto es que no nos gustó demasiado este plato...


Después de comer fuimos a visitar el templo sintoísta Heian Jingu; el torii frente a la puerta principal de este templo es uno de los más grandes de Japón, y el edificio principal del templo se diseñó imitando al Palacio Imperial de Kyoto:




Los jardines de este templo son bastante espectaculares, con mucha vegetación, estanques, "hamburguesas flotantes"...(os sonarán si habéis visto la película "Lost in Translation"):



Tras disfrutar un rato de estos jardines, volvimos a Kyoto, a pasar la tarde en una de sus zonas más representativas, el barrio de Gion, más conocido como "barrio de las geishas"; este barrio resulta muy atractivo, porque sigue conservando la arquitectura tradicional japonesa, y de nuevo pasear por estas calles es casi como volver atrás en el tiempo...:





El regreso al hotel lo hicimos por nuestra cuenta, esta vez en un autobús urbano, y esta experiencia también fue muy divertida, porque tuvimos que preguntar a un chico para saber la letra que debíamos coger, y después algunas cosas cambian respecto a España: allí entramos por la puerta de atrás del autobús, y pagamos al salir, pero lo más chocante era que, como no conocíamos la ciudad, no sabíamos cuándo debíamos bajarnos, así que íbamos como en tensión, atentos a cualquier indicio que nos indicara que debíamos bajarnos. Yo me preguntaba cómo íbamos a hacerlo, puesto que para salir, sólo se abría la puerta de delante (ya que tienes que pagar) y había un montón de gente a través de la que pasar si llegábamos a nuestra parada...Así que, cuando vislumbramos la torre de Kyoto, que quedaba al lado de nuestro hotel, empezamos a intentar avanzar, y la gente nos miraba raro y no entendía por qué..., hasta que ví que esa parada era final de trayecto, así que bajaron todos...En fin, anécdotas de unos pobres extranjeros que no saben las costumbres nacionales...

domingo, 6 de enero de 2008

Crónicas retrospectivas de Japón. Día 7: Sengakuji y viaje a Kyoto

Este día también realizamos una excursión por nuestra cuenta, a uno de los sitios que teníamos muchas ganas de conocer, por lo mítico y cargado de historia que se encuentra: el templo Sengakuji, donde se encuentran las tumbas de los 47 ronin (por cierto, el artículo de la wikipedia lo he editado yo...; no está mal, para ser la primera vez, aunque parece que no cumple del todo los estándares de estilo..., bueno, será cuestión de tiempo el aprender...)

Para llegar hasta Sengakuji cogimos la línea Ginza (G) en la estación de metro de Suehirocho (G14), que nos quedaba andando muy cerquita del hotel, e hicimos trasbordo a la línea Toei Asakusa (A) en la parada de Shimbashi (G08-A10), y de ahí directos a la parada de Sengakuji (A07). A unos pocos metros de la parada de metro, se encuentra la entrada al recinto del templo; a la primera entrada que nos encontramos se le llama "Puerta Mediana", y fue construida en 1836:



Una vez cruzada esta puerta, nos encontramos un par de tiendecitas pequeñas que vendían artesanía y diversos artículos tradicionales, muchos relacionados con la historia de los 47 ronin (tazas y jarritas de sake con dibujitos de los ronin, que contaban la historia, etc); la verdad es que sólo vimos la primera tienda, porque había una viejecita entrañable que nos iba mostrando todo lo que tenía, con tanta gracia y amabilidad, que compramos ahí varios recuerdos y regalos para la familia, y hasta nos tomamos un café en una especie de pequeño bar que tenía en el interior de la tienda...Es increíble cómo la amabilidad puede cruzar tan fácilmente la frontera del idioma y hacer que nos entendamos aún sin cruzar una palabra...

Después de realizar las compras, cruzamos la puerta principal del templo, reconstruída en 1832:


Esa puerta da paso al templo, que se encuentra justo enfrente:


Pero en realidad al templo ni nos acercamos, porque lo que realmente vale la pena de esta excursión, es dirigirse donde están las tumbas de los 47 ronin...Nada más entrar en el recinto de las tumbas, no se puede evitar sentirse invadido por un aire de profundo respeto...Antes de acceder a las tumbas, hay como una especie de taquilla, donde puedes comprar un manojo de incienso, que el hombre que te lo da te enciende y te lo pone sobre un trozo de caña de bambú; este incienso se va poniendo sobre las tumbas, para honrar la memoria de los leales guerreros samurais...




Resulta conmovedor cómo, más de trescientos años después, la gente sigue acudiendo a poner incienso en estas tumbas, con un aire de profunda solemnidad y respeto...; hubo una mujer que, con los ojos humedecidos por la emoción, cuando vio que una "gaijin" (extranjera) como yo estaba poniendo incienso en las tumbas, se me acercó y me dijo: "Arigato gozaimasu" (gracias, en japonés)...A nosotros nos resulta increíble que alguien pueda sentir tan intensamente algo que ocurrió hace tanto tiempo, pero es que la historia de los 47 ronin está muy arraigada en la cultura japonesa, porque ensalza valores que ellos tienen en alta estima, como son la justicia y la lealtad.

Tras salir del recinto de las tumbas, pudimos ver el pozo donde los 47 ronin lavaron la cabeza de Kira Kozukenosuke, antes de ponerla sobre la tumba de su señor Asano:


Después visitamos el museo, donde se encuentran diversos objetos, pergaminos y demás objetos relacionados con la historia, y también una sala donde se encuentran reproducciones en madera de los 47 ronin:


Antes de salir del recinto del templo, encontramos una estatua en honor a Oishi Kuranosuke, que fue quien lideró a los 47 ronin en su venganza contra Kira:


Después de esta visita, nos dirigimos a Nakano, otra zona de Tokio, a visitar una tienda que nos habían dicho que estaba bien: Mandarake, porque tenía muchas figuras a buen precio; fuimos más que nada por curiosidad, porque no es que eso de las figuras de manga y demás nos emocione demasiado, pero podíamos ver algo interesante para regalar...
Este día tuvimos una suerte increíble con la comida. Nada más entrar en la galería de tiendas que desemboca en Mandarake, torcimos en una callecita a la derecha, y vimos una puerta estrecha con unas escaleras y un cartel que ponía "Del Sol"; como vimos que era un restaurante, y nos hizo gracia que tuviera el nombre en español, decidimos subir a ver qué tal:

Y nos encontramos un barecito super-coqueto, de estética algo hippie, con un ambiente muy agradable, y vimos que tenían pasta, así que decidimos quedarnos; justo a nuestro lado, una mujer se estaba comiendo unos "spaguetti arrabiata", así que sólo tuvimos que señalar su plato, y listo!...Esta vez eran sin tomate, sólo con aceite, ajo y guindilla, pero también estaban estupendos...; tomamos además un zumo de naranja, y creo que la comida nos costó tan solo unos 1200 yenes los dos, es decir, unos 7 euros..., increíble!, y ni siquiera me pude terminar el plato entero, de lo grande que era!:



Tras dar una vuelta por la galería y por Mandarake (no compramos mucho aquí...), nos volvimos al hotel, porque esa tarde teníamos que coger el tren bala hacia Kyoto. Para coger este tren de alta velocidad, fuimos hasta la estación de Tokio, de donde sale la línea shinkansen que debíamos coger para ir a Kyoto. La verdad es que son unos trenes impresionantes, con un diseño bastante aerodinámico...:


En poco más de dos horas estábamos en Kyoto (son algo más de 500 kilómetros desde Tokyo), donde pronto encontramos el hotel, que no estaba lejos de la estación, y nos acomodamos en los nuevos futones, preparándonos para investigar esta nueva ciudad, en cuanto despuntase el día...