viernes, 28 de diciembre de 2007

Crónicas retrospectivas de Japón. Día 6: Harajuku

Una de las excursiones obligadas para un turista en Tokyo un domingo por la mañana es la zona de Harajuku. Esta zona es muy famosa porque puedes ver a mucha gente joven caracterizada de distintas y llamativas maneras...; sería algo así como una reunión de tribus urbanas: de hecho, el barrio de Harajuku se ha convertido en la capital de una corriente underground llamada moda Lolita, dentro de la cual se encuentra la subcategoría de las Lolitas Góticas, muy de moda ahora en Japón.

Lo primero que hicimos al llegar a la estación de Harajuku, fue acercarnos al famoso puente, que es el punto de reunión de la gente, pero como no había mucho movimiento, fuimos a ver el Parque Yoyogi, que está justo al lado del puente. A la entrada del parque, hay un gigantesco Torii de madera; en la religión sintoísta, siempre hay uno de estos toriis a la entrada del templo: es la puerta especial para los dioses, que marca el paso entre el mundo finito y el mundo infinito de los dioses.


Dentro del parque, de camino hacia el templo, había una pared con barriles de sake, que es una bebida alcohólica japonesa, como una especie de aguardiente que se hace con arroz. Es bastante normal que haya alguna representación del sake en los templos sintoístas, porque se utiliza en el ritual de purificación sintoísta (como el vino en la eucaristía católica):


Y éste es el famoso santuario Meiji Jingu, con un enorme taiko en su interior:



Además, tuvimos la suerte de encontrarnos justo en ese momento una boda!:


Y después otra vez, un poco más allá, vimos cómo estaban vistiendo a otra novia...; debe ser éste un templo muy famoso para casarse!:


Tras salir del parque, estuvimos sentados en el puente, observando el movimiento que empezaba a formarse...


Testigos de los maravillosos contrastes de Japón...




Y de repente, uno de los que venía con nosotros dice: "Mirad!, los de Caiga Quien Caiga!", y sale corriendo...Y nosotros pensamos...¡venga ya!...(NOTA: Caiga Quien Caiga es un programa de bastante audiencia que emite la cadena española Telecinco), pero al ver que no venía nos acercamos, y efectivamente!, allí estaba uno de los colaboradores del programa, intentando hacer entrevistas a las chicas japonesas que iban disfrazadas...Como no tuvo mucho éxito, nos entrevistó a nosotros, y a unas chicas alemanas que también estaban por allí vestidas de lolitas...


Fue muy chocante, la verdad, coincidir con un programa español justo el mismo día y a la misma hora en Japón..., aunque después de la primera emoción, tengo que decir que este entrevistador deja mucho que desear, al menos en cuanto respeto hacia la cultura japonesa se refiere...; más que interesarse, como curiosidad, buscaba más la mofa y el ridículo, así que no me dejó muy buen sabor de boca este encuentro con los de CQC...

Además de estas chicas del puente, la gente acude al parque Yoyogi también como sitio de ocio solitario (para tocar la flauta, practicar tai-chi,...) o de reunión para practicar hobbies comunes, como tocar el tambor...

Bailar con tus amigos rocabillies...


O tocar con tu grupo de música...


Puede parecer chocante todo esto para nosotros, pero una cosa que me parece genial de Japón es que la gente puede ser todo lo extravagante que quiera, porque nadie se vuelve a mirarlo por la calle...Es verdad que los domingos, en este parque, es un poco más exagerado, porque gente que le gusta un determinado estilo pero que no va así entre semana, se viste sólo para acudir el domingo al parque, pero aún así me parece maravillosa la permisividad que existe en cuanto a la manera de vestir en Japón, donde de nuevo vuelve a coincidir lo super-tradicional con lo ultra-moderno...(la boda y algunas mujeres vestidas de manera tradicional, con el kimono, que vimos en el templo, frente a lo totalmente underground, sin salir del mismo parque...)

Tras este baño de multitudes, seguimos a lo largo de la avenida Omotesando, y paramos a comer en un barecito muy mono...; paramos porque vimos una foto de un plato de pasta con verduras que tenía muy buena pinta, y al entrar vimos lo mono que era también por dentro: la comida era italiana, pero el bar era japonés, así que tenía pequeñas salas de madera a lo largo de un pasillo estrecho, donde te podías sentar al estilo tradicional (es decir, mesita baja y silla a modo de cojín), pero la gracia es que tenía habitacioncitas arriba y abajo, a modo de literas..., y después tenía unos asientos frente a la barra, que fue donde nos sentamos nosotros, y la gracia es que, como tenías una especie de pared detrás, estaba como más aislado que estando en una barra normal de un bar. Pedimos unos spaguetti arrabiata (con tomate frito, ajo y guindilla) que estaban para chuparse los dedos...No sé cómo se las apañan los japoneses con la cocina, pero hacen riquísima incluso la comida que no es autóctona...


Por la tarde, regresamos hacia el hotel, pero al salir de la estación de Ueno, estuvimos paseando por el mercadillo de Ameyoko, que ocupa varias calles justo enfrente de la estación, con multitud de puestecillos y tiendas de ropa, comida, bolsos, zapatos, etc.


Y aquí acaba otro maravilloso día en Japón...

martes, 25 de diciembre de 2007

Crónicas retrospectivas de Japón. Día 5: Kawagoe

Este día nos fuimos también por nuestra cuenta, a visitar una ciudad llamada Kawagoe. Nos dirigimos a la estación de Ueno y allí cogimos la línea Yamanote hasta Ikebukuro, y ahí cogimos un tren hasta Kawagoe; esta ciudad sólo está a una media hora de Tokyo, y el gran encanto que tiene es que conserva unas casas muy antiguas, anteriores a la segunda guerra mundial.
Esta circunstancia no es muy común en Japón, donde casi todo ha sido reconstruido tras la 2ªGM, pero las casas de Kawagoe, gracias a estar construídas con un material oscuro, cuando pasaban los aviones enemigos pensaban que ya estaban quemadas, y no las bombardearon. Así, gracias a estas casas tan antiguas, la ciudad recibe también el nombre de "Koedo" (pequeña Edo), porque antiguamente a Tokyo se le llamaba Edo, y Kawagoe nos permite retrotaernos en el tiempo, para imaginar cómo era en aquellos tiempos la capital japonesa.
Nada más salir de la estación, comenzamos a andar por una calle principal, con edificios modernos, y cuando ya pensábamos que estábamos equivocados en el rumbo, encontramos un mapa que indicaba la dirección a seguir (menos mal que tenía dibujitos, que si no...)


De camino hacia la zona de las casas antiguas, encontramos un templo, que nos hizo gracia porque tenía el símbolo de la trifuerza (lo conocerás si has jugado alguna vez al Zelda); también había una estatua un tanto tétrica, a la que la gente ofrendaba flores, objetos e incienso (imagino que para protección, o algo por el estilo), y un cementerio. Esto del cementerio resulta curioso de ver, porque ya no son comunes en Japón (ahora todo el mundo es incinerado), pero todavía quedan algunos que pertenecen a algún templo, así que tienen un aire bastante antiguo.





Un poco después llegamos a "Kurazukuri", la zona de casas tradicionales, ahora convertidas en tiendas y museos; la verdad es que, si no fuese porque por la calle pasaban coches, uno tenía la sensación de haber retrocedido atrás en el tiempo, y estar de repente paseando por el antiguo Japón de los samurais...Este es un ejemplo de estas casas de Kawagoe:


Otro punto de interés en Kawagoe, que se encuentra en esta zona de casas antiguas, es la "Tokino Kane", o torre de la campana. Como no es nada habitual que en Japón tengan una campana en una torre, esto la convierte en algo bastante excepcional; fue construida en 1624, aunque la que ahora pudimos observar fue reconstruida después del gran incendio de 1893 (esta es otra de las cosas por las que las casas de Kawagoe conservan su antiguedad, porque no están hechas de madera, como la mayoría de casas antiguas en Japón, así que también consiguieron salvarse del fuego).



Después, nos dirigimos a "Kashiyayokocho", o calle de los dulces, una callecita muy tradicional llena de puestecillos de dulces y caramelos.


En esta calle paramos a comer en un pequeño barecito que vimos tenía fotos de unos soba con verduras con muy buena pinta...; esta vez estaban fríos, lo cual se agradecía, ya que ese día hacía un calor asfixiante...Como siempre, comí sorprendida de cómo puede estar una comida fría tan exquisita...


Esta cosa de la espiral no llegamos a saber lo que era, pero la probé y yo creo que era algo hecho con surimi.

Después de comer, seguimos recorriendo la calle de los dulces, con puestecillos de caramelos y otros como el de más abajo, donde asaban esta especie de boniato japonés de piel morada (que por cierto, asado sabe como a castañas):



Como habíamos cogido unas guías en inglés de la ciudad, nos dirigimos después, siguiendo el mapa, a ver el castillo de Kawagoe. Este castillo no era como la imagen que podamos tener aquí de un castillo tipo fortaleza, sino que era de una única planta, con habitaciones de suelo de tatami y jardines interiores, como una gran casa muy acogedora...




Esta es una reproducción de cómo los samurais del castillo planificaban los ataques...

De vuelta a la estación, pasamos por un parque en el que está el templo Kitain:


En todos los templos hay siempre una de estas fuentecillas, con distintas figuritas, donde la gente lleva a cabo un ritual de purificación con el agua antes de entrar al templo, conocido como "temizu", que consiste en lavarse primero la mano izquierda, luego la derecha, y luego, cogiendo agua con la mano izquierda, lavarse la boca.

Una de las cosas famosas de este templo son las estatuas "Gohyaku-Rakan": 538 estatuas que representan a los discípulos de Buda, y que representan una gran variedad de posturas y expresan una gran variedad de emociones:


La verdad es que vale mucho la pena visitar esta ciudad, pero lo peor de este día fue el horrible calor que hacía...; ahora entiendo por qué los japoneses suelen utilizar las sombrillas para el sol cuando caminan, y es que si en España presumimos de sol, el verano en Japón no se queda mucho más corto, y además hay que sumarle la enorme humedad que hace que sea un calor bastante pegajoso...Claudio se quemó este día, y yo me libré por ser de piel más oscura y ya castigada por el veranito español, pero si volvemos a hacer turismo en Japón en verano, no nos olvidaremos de los protectores solares (no los llevamos porque pensamos que a finales de septiembre no nos harían falta...) y de agenciarnos una de esas sombrillitas para caminar bajo el sol!

lunes, 24 de diciembre de 2007

Crónicas retrospectivas de Japón. Día 4: Mejiro y Shinjuku

Este día decidimos hacer una excursión por nuestra cuenta, ya que Claudio quería comprarse un shakuhachi, o sea, una flauta japonesa.
Como teníamos una tienda localizada en una zona de Tokyo llamada Mejiro, nos dirigimos a la estación de metro de Ueno, y desde ahí cogimos por primera vez la línea Yamanote, que es una línea de metro circular que recorre el centro de Tokyo.



Encontramos la tienda fácilmente, y compramos un shakuhachi que, aunque imita el bambú, es de plástico, porque los de bambú eran carísimos!



Después, seguimos con la línea Yamanote hasta Shinjuku, otra de las zonas comerciales de Tokyo.


Dimos un paseo, viendo algunas tiendas; ese día hacía mucho calor, así que, de repente, al doblar una esquina, encontramos una especie de oasis en la gran urbe: en contraste con los macro-edificios, se encontraba un barecillo de lo más típico, con mesitas en la calle, a la sombra de agradables árboles...Son esos encantadores contrastes una de las cosas más maravillosas que tiene Japón.
Decidimos sentarnos a comer allí, y fue una comida estupenda: comimos unos soba fríos y otros calientes. Los fríos no llevan nada más que un cuenquito con salsa de soja para mojarlos, y una pizca de cebolla y wasabi en otro pequeño cuenco; los calientes te los sirven en un cuenco enorme, mezclados con verduritas. Todavía me pregunto cómo una cosa tan sencilla puede estar tan buenísima!...Comimos hasta casi reventar...






Una de las cosas geniales de Japón es que se come por muy poco dinero, y los platos son bastante generosos...Un plato de estos fideos podía costar unos 400 yenes (unas 400 pesetas), así que comíamos los dos por muy poquito dinero. Lo que salía más caro era si pedías cerveza, que valía unos 550 yenes, pero claro, eso si la comparamos con la comida, porque era una jarra enorme, así que tampoco salía tan mal de precio. Además, en todos los sitios te ponen agua gratis, con cubitos, acompañando a la comida, y no la tienes que pagar. En Japón les sobra el agua, y además la del grifo está muy buena, así que si bebes agua no te gastas nada en bebida. Muchas veces también te ponen té verde, que ellos beben a todas horas, pero siempre sin azúcar, así que yo a ese amargor no logré acostumbrarme..., una pena, porque creo que uno de los pilares de la longevidad japonesa, además de la comida, es gracias a tanto beber este té tan antioxidante.

Después de comer seguimos paseando por Shinjuku, y estuvimos jugando a una de las máquinas de Taiko, o tambor japonés, que teníamos muchas ganas de probar, y la verdad es que son geniales!: eliges una canción, y tienes que seguir el ritmo tocando el tambor.



Por la noche, en el hotel, hice un intento de sacar algún sonido del shakuhachi, pero resultó imposible...Es dificilísimo hacerlo sonar!. Creo que mis pulmones no están hechos para esto...