domingo, 6 de enero de 2008

Crónicas retrospectivas de Japón. Día 7: Sengakuji y viaje a Kyoto

Este día también realizamos una excursión por nuestra cuenta, a uno de los sitios que teníamos muchas ganas de conocer, por lo mítico y cargado de historia que se encuentra: el templo Sengakuji, donde se encuentran las tumbas de los 47 ronin (por cierto, el artículo de la wikipedia lo he editado yo...; no está mal, para ser la primera vez, aunque parece que no cumple del todo los estándares de estilo..., bueno, será cuestión de tiempo el aprender...)

Para llegar hasta Sengakuji cogimos la línea Ginza (G) en la estación de metro de Suehirocho (G14), que nos quedaba andando muy cerquita del hotel, e hicimos trasbordo a la línea Toei Asakusa (A) en la parada de Shimbashi (G08-A10), y de ahí directos a la parada de Sengakuji (A07). A unos pocos metros de la parada de metro, se encuentra la entrada al recinto del templo; a la primera entrada que nos encontramos se le llama "Puerta Mediana", y fue construida en 1836:



Una vez cruzada esta puerta, nos encontramos un par de tiendecitas pequeñas que vendían artesanía y diversos artículos tradicionales, muchos relacionados con la historia de los 47 ronin (tazas y jarritas de sake con dibujitos de los ronin, que contaban la historia, etc); la verdad es que sólo vimos la primera tienda, porque había una viejecita entrañable que nos iba mostrando todo lo que tenía, con tanta gracia y amabilidad, que compramos ahí varios recuerdos y regalos para la familia, y hasta nos tomamos un café en una especie de pequeño bar que tenía en el interior de la tienda...Es increíble cómo la amabilidad puede cruzar tan fácilmente la frontera del idioma y hacer que nos entendamos aún sin cruzar una palabra...

Después de realizar las compras, cruzamos la puerta principal del templo, reconstruída en 1832:


Esa puerta da paso al templo, que se encuentra justo enfrente:


Pero en realidad al templo ni nos acercamos, porque lo que realmente vale la pena de esta excursión, es dirigirse donde están las tumbas de los 47 ronin...Nada más entrar en el recinto de las tumbas, no se puede evitar sentirse invadido por un aire de profundo respeto...Antes de acceder a las tumbas, hay como una especie de taquilla, donde puedes comprar un manojo de incienso, que el hombre que te lo da te enciende y te lo pone sobre un trozo de caña de bambú; este incienso se va poniendo sobre las tumbas, para honrar la memoria de los leales guerreros samurais...




Resulta conmovedor cómo, más de trescientos años después, la gente sigue acudiendo a poner incienso en estas tumbas, con un aire de profunda solemnidad y respeto...; hubo una mujer que, con los ojos humedecidos por la emoción, cuando vio que una "gaijin" (extranjera) como yo estaba poniendo incienso en las tumbas, se me acercó y me dijo: "Arigato gozaimasu" (gracias, en japonés)...A nosotros nos resulta increíble que alguien pueda sentir tan intensamente algo que ocurrió hace tanto tiempo, pero es que la historia de los 47 ronin está muy arraigada en la cultura japonesa, porque ensalza valores que ellos tienen en alta estima, como son la justicia y la lealtad.

Tras salir del recinto de las tumbas, pudimos ver el pozo donde los 47 ronin lavaron la cabeza de Kira Kozukenosuke, antes de ponerla sobre la tumba de su señor Asano:


Después visitamos el museo, donde se encuentran diversos objetos, pergaminos y demás objetos relacionados con la historia, y también una sala donde se encuentran reproducciones en madera de los 47 ronin:


Antes de salir del recinto del templo, encontramos una estatua en honor a Oishi Kuranosuke, que fue quien lideró a los 47 ronin en su venganza contra Kira:


Después de esta visita, nos dirigimos a Nakano, otra zona de Tokio, a visitar una tienda que nos habían dicho que estaba bien: Mandarake, porque tenía muchas figuras a buen precio; fuimos más que nada por curiosidad, porque no es que eso de las figuras de manga y demás nos emocione demasiado, pero podíamos ver algo interesante para regalar...
Este día tuvimos una suerte increíble con la comida. Nada más entrar en la galería de tiendas que desemboca en Mandarake, torcimos en una callecita a la derecha, y vimos una puerta estrecha con unas escaleras y un cartel que ponía "Del Sol"; como vimos que era un restaurante, y nos hizo gracia que tuviera el nombre en español, decidimos subir a ver qué tal:

Y nos encontramos un barecito super-coqueto, de estética algo hippie, con un ambiente muy agradable, y vimos que tenían pasta, así que decidimos quedarnos; justo a nuestro lado, una mujer se estaba comiendo unos "spaguetti arrabiata", así que sólo tuvimos que señalar su plato, y listo!...Esta vez eran sin tomate, sólo con aceite, ajo y guindilla, pero también estaban estupendos...; tomamos además un zumo de naranja, y creo que la comida nos costó tan solo unos 1200 yenes los dos, es decir, unos 7 euros..., increíble!, y ni siquiera me pude terminar el plato entero, de lo grande que era!:



Tras dar una vuelta por la galería y por Mandarake (no compramos mucho aquí...), nos volvimos al hotel, porque esa tarde teníamos que coger el tren bala hacia Kyoto. Para coger este tren de alta velocidad, fuimos hasta la estación de Tokio, de donde sale la línea shinkansen que debíamos coger para ir a Kyoto. La verdad es que son unos trenes impresionantes, con un diseño bastante aerodinámico...:


En poco más de dos horas estábamos en Kyoto (son algo más de 500 kilómetros desde Tokyo), donde pronto encontramos el hotel, que no estaba lejos de la estación, y nos acomodamos en los nuevos futones, preparándonos para investigar esta nueva ciudad, en cuanto despuntase el día...

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